España

El Cid Campeador

estatua el cid en burgos

Rodrigo Díaz, El Cid, nació en Vivar (hoy Vivar del Cid), situado en el valle del río Ubierna, al norte de Burgos. Aunque no se conoce la fecha de su nacimiento se estima que fue entre 1045 y 1049.

Hijo de Diego Laínez y nieto de Flaín Muñoz, Conde de León. Deigo Laínez al no ser el primogénito no pudo heredar el título de Conde. Obtuvo sus posesiones en Vivar al destacar en la guerra contra Navarra en 1054 luchando del lando de Fernando I de Castilla y León.

El padre de El Cid nunca llegó a estar en la Corte ya que su familia se sublebó en contra de Fernando I. En cambio, Rodrigo sí formó parte del séquito del infante Don Sancho (hijo mayor de Fernando I) y fue este el que lo nombraría caballero.

La primera batalla de El Cid fue acompañando a Don Sancho a la batalla de Graus (cerca de Huesca) en 1063, lucharon del lado del rey moro de Zaragoza y en contra del rey de Aragón Ramiro I.

Cuando falleció Fernando I, en 1065, los territorios y protectorados andalusíes fueron divididos entre sus hijos:

  • A Sancho Castilla.
  • A Alfonso León.
  • A García Galicia.

Historia de Rodrigo Díaz, El Cid

Gueras entre Sancho II y Alfonso VI

En 1068 se inició la guerra fraticida entre los dos hermanos Sancho II y Alfonso VI, se enfrentaron en la batalla de Llantada, a orillas del Pisuerga. Venció Sancho II aunque no fue decisiva.

En 1071, Alfonso logra controlar Galicia y se reparte el territorio con Sancho, aunque tampoco aplacó el enfrentamiento entre hermanos.

En 1072 se enfrentan de nuevo en Golpejera, Sancho vuelve a vencer y captura a Alfonso adueñándose de su reino.

El Cid fue un guerrero destacado en estas batallas como alférez de Don Sancho, y fue seguramente en estas guerras cuando se ganó el sobrenombre de «el campeador».

Sancho II consigue unificar bajo su reinado los territorios de su padre. Aunque duraría poco tiempo, en 1072 varios nobles leoneses del entorno de Doña Urraca se revelan contra el rey en la ciudad amurallada de Zamora. Ante tal situación Sancho II acude a sitiar Zamaro y es aquí donde encontró su muerte ante el caballero zamorano Bellido Dolfos.

El Campeador al servicio de Alfonso VI

A la muerte de Sancho II, Alfonso pasa regentar los territorios de su hermano.
Según las leyendas y como podemos ver en la famosa película de Charlton Heston, El Cid obliga a jugar a Don Alfonso que no tuvo nada que ver con la muerte de su hermano. Este hecho no es verdad y, de hecho, El Cid formó parte de la corte de Alfonso VI e incluso el rey lo casó con su prima tercera doña Jimena Díaz, una noble dama leonesa.

Mientras El Cid se encontraba en su labores en Sevilla, varios nobles castellano apoyan al rey de Granada en una revuelta que tuvo que hacer frente Rodrigo defendiendo a Almutamid, capturando a varios nobles entre los que se encontraba García Ordóñez. Este hecho empezó a levantar habladurías entre los nobles castellanos.

El primer destierro de Rodrigo Díaz el Campeador

En 1081 Rodrigo Díaz partía en su primer destierro. Su primer destino fue hacia Barcelona para ponerse al servicio de Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, pero no fue bien acogido y seguramente buscó amparo en la taifa de Zaragoza pero el rey murió muy poco después, quedando su reino repartido entre sus dos hijos: Almutamán, rey de Zaragoza, y Almundir, rey de Lérida.El Campeador siguió al servicio de Almutamán, a quien ayudó a defender sus fronteras de los avances aragoneses por el norte y contra la presión leridana por el este.

Reconciliación con Alfonso VI

Almutamán murió en 1085, sucendiéndole su hijo Almustaín, a cuyo servicio siguió el Campeador.

En 1086, Alfonso VI puso sitio a Zaragoza con la decisión de tomarla, mientras tanto el emperador de Marruecos desembarcó con sus tropas, los almorávides, dispuesto a ayudar a los reyes andalusíes frente a los avances cristianos.

El rey de Castilla tuvo que levantar el cerco y dirigirse hacia Toledo para prepara la contraofensiva, que se saldaría con la gran derrota castellana de Sagrajas el 23 de octubre de dicho año.Fue por entonces cuando Rodrigo recuperó el favor del rey, le encomendó varias fortalezas en las actuales provincias de Burgos y Palencia y lo envió hacia Valencia para defenderla de los ataques musulmanes.

Cuando Valencia estuvo a salvo, Rodrigo se puso a actuar de una forma extraña para un enviado real, pues empezó a cobrar para sí mismo en Valencia y en los restantes territorios levantinos los tributos que antes se pagaban a los condes catalanes o al monarca castellano. Se supone que fue algo pactado con Alfonso VI.

El segundo destierro

Ante los ataques de Alfonso VI a las taifas de Murcia, Granada y Sevilla, los reyes de estas taifas pidieron ayuda al emperador de Marruecos que acudió en ayuda en el verano de 1088. Ante tal situación Alfonso VI pidió ayuda a Rodrigo. El Cid se desplazó hacia el sur pero por desobediencia o por descoordinación nunca se unió a las tropas del rey. Este hecho produjo gran enfado de Alfonso VI que lo desterró de nuevo expropiándole todas sus propiedades.

A partir de este momento, El Cid se convierte en un caudillo independiente que siguió actuando en el levante español. Aunque tanto Alfonso VI, como el rey de Aragón y el conde de Barcelona intentaron conquistar el levante no consiguieron derrotar al Campeador. Sólamente los almorávides pusieron en peligro los territorios dominados por El Cid.

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Origen del sobrenombre El Cid

Después de reconquistar Valencia ante una gran sublemación musulmana, Rodrigo adoptó el título de «Príncipe Rodrigo el Campeador» y, seguramente, recibiría también el tratamiento árabe de sídi «mi señor», origen del sobrenombre de mio Cid o el Cid, con el que acabaría por ser generalmente conocido.

Muerte de El Cid

A principios de 1097 se produjo la última expedición almorávide en vida de Rodrigo, comandada por Muhammad ben Tashufin, la cual se saldó con la batalla de Bairén (a unos cinco kilómetros al norte de Gandía), ganada una vez más por el caudillo castellano, esta vez con ayuda de la hueste aragonesa del rey Pedro I, con el que Rodrigo se había aliado en 1094. Esta victoria le permitió proseguir con sus conquistas, de forma que a finales de 1097 el Campeador ganó Almenara y el 24 de junio de 1098 logró ocupar la poderosa plaza de Murviedro, que reforzaba notablemente su dominio del Levante.

Sería su última conquista, pues apenas un año después, posiblemente en mayo de 1099, el Cid moría en Valencia de muerte natural, cuando aún no contaba con cincuenta y cinco años (edad normal en una época de baja esperanza de vida).

Aunque la situación de los ocupantes cristianos era muy complicada, aún consiguieron resistir dos años más, bajo el gobierno de doña Jimena, hasta que el avance almorávide se hizo imparable. A principios de mayo de 1102, con la ayuda de Alfonso VI, abandonaron Valencia la familia y la gente del Campeador, llevando consigo sus restos, que serían inhumados en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña.

Acababa así la vida de uno de los más notables personajes de su tiempo, pero ya entonces había comenzado la leyenda.

Verdades y mentiras históricas de El Cid Campeador

Existe varios hecho que incluido en «el cantar del mio Cid» que no son ciertos o no son probados, simplemente son incluido para dotar de un aspecto heróico al personaje:

  • No es verdad que El Cid obligara a jurar a Alfonso VI que no había tenido nada que ver con la muerte de su hermano Sancho.
  • No hay pruebas de que El Cid tuviera unas espadas que se llamases Tizona y Colada. Fue posteriormente, en la época de los Reyes Católicos, cuando apareció el registro material de esas armas, pero simplemente porque alguien escribió que había hallado las espadas del Cid.
  • No hay pruebas de que el caballo de El Cid se llamara Babieca.
  • Las hijas de Rodrigo se llamaban Cristina y María, cuando en el Cantar son Elvira y Sol.
  • No es verdad que obtuvo una victoria después de muerto.
  • Sí que tuvo un ejercito permanente. Tener un ejercito permanente salía caro y sólo lo podían tener los reinos. El Cid logró formar una tropa profesional gracias a que se dedicaba de forma constante a la lucha.

¿Dónde está enterrado El Cid?

Cuando Doña Jimena rinde Valencia ante el almorávide Mazdali en 1102 parte de Valencia portando los restos de El Cid, que había sido enterrado en la catedral de Valencia. El destino fue al monasterio de San Pedro de Cardeña donde reposarían sus restos unos cuantos siglos.

En la ocupación francesa, los resto de Rodrigo fueron profanados. Al enterarse el mariscal francés Paul Thiébault ordenó construir un mausoleo en el Paseo del Espolón de Burgos para que reposaran los restos, a orillas del río Arlanzón, que se inauguró el 19 de abril de 1809.

Parte de los restos del Cid y su esposa, durante ese traslado al nuevo mausoleo, fueron robados y regalados más tarde al príncipe de Hohenzollern que los guardó en su gabinete de curiosidades del castillo de Sigmaringen.

En 1826 los restos se devolverán al Monasterio, hasta que tras la desamortización en 1824 se trasladaron a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos. Aunque no se tenía constancia de que faltase gran parte de ellos, la mayoría de don Rodrigo.

En 1882, la casa Hohenzollen entregó los restos óseos que tenía en su colección. Celebrándose un acto que Alfonso XII presidió.

En 1921, por fin, se depositaron junto a los restos de su esposa Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.

Como curiosidad, la supuesta yegua del Cid Campeador, llamada Babieca, tiene su tumba en el Monasterio de Cardeña.

Cantar de Mío Cid

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo escrita sobre 1200 y que relata hazañas heroicas de la vida del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar el Campeador.

Se trata de la primera obra poética extensa de la literatura española.

El poema consta de 3735 versos de extensión variable.

Se desconoce su título original, aunque probablemente se llamaría «gesta» o «cantar».

El tema central del poema es la honra del héroe, es el motor de la obra, en torno al cual el autor dispone los acontecimientos. El objetivo del héroe en los dos primeros cantares es conseguir el perdón del rey. El tercer cantar se organiza en torno a la recuperación de la honra perdida por la afrenta de Corpes. La ascensión del héroe se consigue tanto por su esfuerzo personal como por su confianza en la justicia.

Las espadas de El cid

La Tizona y la Colada son dos de las espadas más famosas de la historia medieval de España.

La Colada fue ganada por el Campeador en combate contra el conde de Barcelona; el Cid regaló esta espada (junto a la Tizona) a sus yernos los Infantes de Carrión. Tras la afrenta de Corpes (según el Cantar de Mio Cid), Díaz de Vivar les exigió la devolución de todos sus regalos y entregó entonces la espada a Martín Antolínez, uno de sus caballeros.

La Espada Tizona es una de las espadas españolas más populares. Perteneciente al Cid Campeador fue capturada al Rey Búcar de Marruecos en Valencia, y más tarde la regaló a su sobrino, Pedro Bermúdez. En el Cantar de Mío Cid se cita la lucha de El Cid con Ramón Berenguer II, Conde de Barcelona, en Tevar (Morella), al cual vence, le hace prisionero y se apodera de la espada Colada.

La Espada Tizona también perteneció al caballero castellano Mudarra, la misma con la que El Cid se enfrentó y dio muerte al conde Lozano para vengar a su padre. En el año 1503, Gonzalo de Bricio, por mandato de la Reina Isabel La Católica, realiza un inventario de las armas que se hallaban en el Alcázar de Segovia, y entre las que se describe La Tizona.

Entre los años 1560 y 1621, Fray Prudencio de Sandoval en su crónica de los Reyes de Castilla y León, menciona la Espada Tizona que tienen en su mayorazgo los marqueses de Falces, y que al parecer le fue cedida por el Rey Fernando El Católico como premio a sus servicios, con la condición de llevarla a Palacio para que jurasen los Reyes de España, como así lo harán también los Falces en la transmisión del Marquesado.

Con los marqueses, la Espada permanece hasta 1936, en que desaparece de su domicilio, con los documentos de otorgación y legitimación. La espada volvió a aparecer tras la Guerra Civil, en 1939, en el castillo de Figueras, desde donde fue traslada al Museo del Ejército en Madrid. En 2007 la Junta de Castilla y Leon compró la Espada Tizona del Cid que actualmente se puede ver en la Catedral de Burgos donde también se encuentran los restos de su antiguo propietario Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid Campeador).

Otra de sus espadas famosas es la espada Colada.

Babieca, El caballo de El Cid

Pese a lo que todo el mundo puede pensar, Babieca, el corcel del Cid Campeador, era una yegua.

Babieca fue un regalo que el padrino de El Cid, un religioso llamado Peyre Pringos o Pedro el Gordo, hizo a su ahijado. En efecto, ocurrió que cierto día, Pedro El Gordo llevó a un niño llamado Rodrigo Díaz de Vivar al monasterio donde residía.

El religioso dijo a su ahijado: «Elige el potro que más te guste». Es así como Rodrigo, eligió un ejemplar especialmente feo, por lo que su padrino, decepcionado, exclamó: “ese es un Babieca”. Dicho de otra forma, un caballo de escasa presencia, débil y patoso. Sin embargo, con el paso del tiempo se convertiría en un caballo histórico.

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